
Ves a una mujer que te gusta. En cuatro segundos, tu cuerpo ya decidió que no le vas a hablar.
No es tu cara ni tu personalidad. Hay una razón, y empezó mucho antes de ella.
Sube el volumen. Se escucha tu corazón.

No es tu cara ni tu personalidad. Hay una razón, y empezó mucho antes de ella.
Sube el volumen. Se escucha tu corazón.